Stella Accorinti, Neoliberalismo y políticas sociales. El ingreso ciudadano
El neoliberalismo ha impulsado, como estrategias propias en el contexto latinoamericano, políticas sociales que tienen como eje la privatización, la descentralización y la focalización. Estas estrategias conllevan problemas relativos a la racionalidad y a la equidad. La política social de toda la región se muestra afectada por problemas de exclusión, estratificación e ineficiencia ¿Cuáles son los fundamentos de estas estrategias aplicadas a las políticas sociales? ¿Cuáles son los riesgos de focalizar, descentralizar y privatizar los servicios sociales? ¿Cuáles son las posibilidades de reformular las políticas sociales en América Latina teniendo en cuenta el análisis exhaustivo de estas cuestiones?
La focalización plantea redireccionar el gasto social hacia los sectores clasificados por edad, tipo de ingreso o cualquier otra variable que permita determinar en ellos carencias claramente distinguibles (alimentarias, de nutrición, sanitarias, dificultades en el acceso al empleo, etc.), al comprobarse que el gasto social del Estado sólo llega en ínfima proporción a quienes más necesitan de él. Los fondos asignados a la focalización implementan y desarrollan acciones respecto de programas alimentarios básicos, de seguimiento nutricional, acciones sanitarias y de generación de ingresos, entre otros.
La privatización es la estrategia implementada de modo más débil en el terreno de las políticas sociales, ya que si bien es presentada como una respuesta que evita la irracionalidad del gasto público, utilizado de manera no cuidadosa debido a la gratuidad (de acuerdo con esta mirada), sus efectos han sido endebles. Al modo de ejemplo general: el proceso de privatización de la salud ha derivado en obras sociales que contratan servicios privados que indican a los pacientes análisis innecesarios, e incluso indican la realización de intervenciones quirúrgicas a los que la persona no debiera ser sometida si existiera un mínimo nivel de ética en estos prestatarios. Como ejemplo particular: es alarmante el aumento de partos por cesáreas en las clínicas privadas que atienden obras sociales. La privatización ha tenido un logro: trasladar la irracionalidad en el uso de los recursos del ámbito público (si es que allí existía del mismo modo) al ámbito privado.
La descentralización está planteada como una estrategia para acercar los problemas a la gestión. Se plantea que las prestaciones educativas y sanitarias llevadas a cabo por los gobiernos nacionales después de la Segunda Guerra Mundial fueron ineficentes, burocráticas y lentas (la figura más utilizada para graficar este punto es la del Estado-elefante)
Respecto de la falta de equidad, una gran parte de la población está excluida de los servicios de vivienda, salud y educación (aunque esta última presenta un acceso que puede considerarse el de corte más universalista, si se tiene en cuenta sólo la educación primaria -que no es, en este momento histórico, el mínimo requerido para insertarse satisfactoriamente en el mundo del trabajo).
La exclusión se manifiesta fuertemente de acuerdo a los niveles sociales y geográficos, y por el acceso diferencial a diversos beneficios del seguro social.
Los beneficios recibidos según el lugar que se ocupa en la estratificación social generan nuevas modos perversos de inequidad en las políticas sociales.
Respecto de la falta de eficiencia en la distribución de las políticas públicas, se ve claramente como esto retroalimenta los peores vicios que las estrategias implementadas por el neoliberalismo definen como "problemas a ajustar", cuando en realidad constituyen problemas estructurales y no meramente coyunturales. Así, la deficiente asignación de recursos, la baja calificación de las personas en el sector público y costos administrativos elevados, y, en suma, la racionalidad sectorial resultante en ineficiencia
global resumen los problemas recurrentes respecto de la falta de eficiencia o racionalidad de las políticas públicas. No es esperable que si el contexto permanece inmutable cambien las políticas sociales. La crisis de los '90, sumada a las políticas de ajuste, han producido la exclusión y la inequidad , generando aún más anomia en sociedades que se han construido como poco proclives a respetar la solidaridad orgánica, que mantiene vivo el tejido social, como así tampoco la solidaridad mecánica, que emana de las leyes.
La focalización presenta problemas respecto de otorgar los beneficios realmente a quienes más necesitan, de acuerdo con lo que debería ser, strictu sensu , la implementación de la propuesta: que las políticas sociales hagan foco en aquéllos a quienes los programas están dirigidos. Lo cierto es que los sectores de escasos recursos carecen del manejo simbólico necesario y de los niveles organizativos adecuados para apropiarse de los recursos disponibles, que pasan de este modo a ser parte del usufructo de estas políticas por parte de los sectores con mayor organización (con mayor y mejor utilización de los símbolos ). Redireccionar el gasto social para que llegue real y efectivamente a quienes más necesitan y para quienes las estrategias de focalización lo instituyen debiera ser el punto de máxima ocupación y preocupación en este aspecto. Pero lo cierto es que, por ejemplo, expulsados muchos sectores asalariados de los sectores de atención de salud que brinda la seguridad social, concurren a los centros hospitalarios, lo que se constituye en expulsión, a su vez, de los sectores más marginados, y las políticas de focalización se muestran endebles para atender lo que pretenden resolver, ya que, pensadas para actuar en segmentos de la población proporcionalmente pequeños, su acción se vuelve casi inexistente cuando la población pobre y desprotegida suma cifras alarmantes y en creciente ascenso. Asimismo, la asignación de los fondos es considerablemente baja si se compara con el gasto social en su conjunto, lo que vuelve aún más escaso y problemático su accionar. Además de los problemas planteados, también se debe prestar especial atención porque estas estrategias se convierten, con demasiada facilidad, en programas de caridad o en sistema de control de los pobres, reeditando a su vez variantes perversas de las workhouses inglesas, con enfoques focalistas (aunque resulte irónico) de la Speenhamland, promulgada en los albores de la Revolución Industrial . El control de los pobres a través de la focalización suele ser una tentación de la ideología conservadora,
acerca de lo cual tenemos ejemplos en la sistematización del nuevo viraje que los países centrales realizan en sus políticas sociales: Clinton ha implementado en Estados Unidos lo que se conoce como workfare, que suplanta al welfare (Estado de Bienestar). El workfare, que se extiende en todo el mundo, propone, en sus variantes, tanto otorgar un subsidio mensual (37 dólares) a las madres con hijos pequeños (en Québec), siempre que los amamanten (si dejan de hacerlo, pierden el derecho), como que los padres reciban un subsidio de desempleo que aumenta si se casan legalmente (pero pierden el subisidio si tienen otro hijo). La clasificación y vigilancia de los pobres nos remonta a dos siglos atrás, a las leyes para pobres, y el control que con ellas se hacía, o a las oficinas de beneficiencia de la Francia del siglo XIX.
Los programas de learnfare relacionan directamente el monto de los subsidios al hecho de que los padres se ocupen de la escolarización de sus hijos. Estos programas se implementan tanto en Wisconsin como en Ohio o en Brasilia. Las medidas de control de los comportamientos se acrecienta en calidad y en cantidad, en lo formal y en lo sustantivo. En Connecticut a los drogadictos que suspenden su rehabilitación les es suspendido el subsidio (la suspensión de un lado va acompañada de la supensión en el otro, en espejo, para que el control parezca, irremediablemente, autocontrol y decisión del propio implicado, lo que realiza la internalización del control) .
La privatización y la descentralización adolecen de graves problemas, conexos a los ya presentados respecto de la focalización. Los ejes de la eficiencia y de la equidad son útiles también aquí para analizar estas estrategias. En cuanto a la eficiencia: la privatización presenta, como ya he adelantado, grados inexplicables de irracionalidad a la luz de lo que se proponía resolver. El desmantelamiento del Estado hace que su regulación respecto de las privatizaciones sea casi inexistente. Respecto de la descentralización, no se ha visto mejorada la eficiencia, sino , en todo caso, trasladada la centralización, que pasó en la educación del control rígido de la Nación al control rígido de las provincias. Respecto de la equidad y la privatización, que haya disminución de servicios estatales no implica que los sectores medios asalariados dejen de recurrir, en la situación de crisis que atraviesa la región, a los servicios públicos, en un proceso de continuo desplazamiento de los que más necesitan. En las relaciones entre equidad y descentralización, vemos que sin la presencia de un Estado que modere para que no quede cada uno librado a sus propias fuerzas (en beneficio de los fuertes y en desmedro de los pobres) no es posible hablar de una descentralización con equidad, sino sólo y en nombre de otorgar más libertad, crear nuevas y más pesadas cadenas para quienes ya tienen las suyas propias.
La privatización, la descentralización y la focalización se organizan a través de políticas fuertemente centradas en el control de los sujetos. Se habla ya de nuevos paternalismos y de democracias vigiladas, en estas nuevas magistraturas del sujeto , que fueron análisis del discurso foucaultiano y que adoptan ahora lo que Baudrillard denominó el pasaje de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control: la mirada que controla y disciplina ya no necesita espacios cerrados para hacerlo. Lo hace incluso en el espacio abierto, suplantando la figura del topo, ciego y enclaustrado en una galería de celdas, a la figura de la serpiente, que se mueve en campo abierto, y que es la imagen del peligro, y, a la vez, de la seducción. La imagen de un animal sinuoso, el mercado, que parece haber existido ad aeternum, ya que la encontramos en los mitos del Paraíso, pero que en realidad, como el mercado, fue una creación, humana demasiado humana. Y el problema crucial radica, en cada uno de los puntos nodales del análisis, en no problematizar el pensamiento social centrado sólo en el mercado.
La sociedad de mercado no existió siempre, es un invento humano. Pero parece que si bien muchos grandes relatos han caído, no es cierto que, como Nietzsche propone, el mundo verdadero se haya
convertido en fábula . La fábula del mercado, de la economía de mercado y de la sociedad de mercado, con el mundo de la política y de la democracia anexionada a esta mirada , es tratado como el mundo verdadero. Probablemente haga falta mucha y calificada decisión política y la puesta en marcha de voluntad política para que esta fábula (que como todo sistema complejo de símbolos realiza y construye la realidad) no continúe sumergiendo a los pobres en una degradación más abyecta de la que ya sufren. Pero las tautologías no agregan conocimiento, no agregan movimiento, no agregan cambio: ¿los políticos, inmersos en el sistema que les da identidad, serán capaces de pensar desde una perspectiva absolutamente diferente, que les cuestione el centro mismo de sus vidas? ¿O será que los intelectuales tendremos que crear el espacio y el tiempo para esta discusión identitaria, que marcará, para siempre el cambio de una época?
Ligada de manera íntima a lo anterior, el debate en Francia entre Pierre Rosanvallon y André Gorz desnuda los principales planteos que la política social debe enfrentar en este momento de la historia. Rosanvallon centra sus planteos en que no es posible realizar una separación analítica entre economía y sociedad llevando esto a los hechos sin que los hechos se vuelvan luego sobre el propio análisis para mostrar su esterilidad: no se puede poner la eficacia en un lado y la solidaridad en otro, como si fueran paralelas. Esta disociación lleva a lo que Rosanvallon denomina "la tentación de asalariar la exclusión" , mediante las categorías del modelo de discapacidad y el del ingreso de subsistencia. Tomaré para su análisis sólo la segunda forma de esta categoría de exclusión asalariada.
El ingreso de subsistencia está en debate en los últimos años, con diferentes denominaciones: basic income, asignación universal, ingreso ciudadano. El ingreso ciudadano consiste en "dar a cada individuo, desde su nacimiento hasta su muerte, sin condición de empleo o ingreso ni contrapartida, un ingreso básico que permite cubrir las necesidades esenciales, y cuyas únicas variaciones dependen del número y la edad de los hijos a cargo". Rosanvallon cuestiona de manera fuerte la idea que actúa como supuesto de la defensa del ingreso ciudadano, ya que, sostiene, plantear esto es sostener que esta asignación universal es el eje de una sociedad de indemnización, que actuaría como la liberación total del mercado salvaje. Asegurado el mínimo, la cuestión del empleo pasa a segundo lugar. El autor sostiene que las personas no sólo tienen derecho al ingreso, sino derecho a la utilidad. Su tesis central es, entonces, que se debe repensar la idea del derecho al trabajo más que pensar la idea de un derecho al ingreso. De este modo, el planteo se centra en pasar de una sociedad de indemnización a una sociedad de inserción (una posición que no cuestiona la base del modelo capitalista establecido).
André Gorz, por su parte, sostiene que la necesidad que los seres humanos tenemos de obrar no tiene que ser pensada, necesariamente, como necesidad de trabajo asalariado para la realización del individuo: "[...] el derecho a un ingreso suficiente y estable ya no tendría que depender de la ocupación permanente y estable de un empleo; la necesidad de actuar, de obrar, de ser apreciado por los otros ya no tendría que adoptar la forma de un trabajo encargado y pagado."
La tesis central de Gorz es que el tiempo de trabajo puede dejar de ser el tiempo social dominante. Esto supone que el trabajo se emancipa del capital. Se ve así desplazado el eje sobre el que se centra la vida humana en la mayoría de los países del mundo regidos por el capitalismo, ya que el capitalismo funda su ideología sobre el trabajo asalariado y el mercado de trabajo. Cada uno así se reapropia de su tiempo, enajenado en el sistema de producción por encargo. Lo que Gorz propone no es una nueva estrategia, sino un modo completamente diferente de ver el mundo. No hay aquí una propuesta para reorganizar la sociedad del trabajo, como en Rosanvallon, sino una perspectiva diferente, una ruptura integral con los conceptos básicos que sostienen el capitalismo. Gorz rechaza que estemos viviendo una crisis, y sostiene que en realidad lo que se está produciendo es una mutación.
Gorz enfatiza que el ingreso ciudadano no es asistencia ni protección social. No dispensa del trabajo, sino que efectiviza el derecho al trabajo. Pero este trabajo es radicalmente diferente del que propone la sociedad capitalista. La propuesta de Gorz entraña el concepto clave de trabajo como aquella actividad que se hace sin que sea necesario que a uno le paguen por ello. El ingreso ciudadano no paga un trabajo, sino que es un monto que se recibe de manera incondicional. Esta asignación debe ser de base suficiente (no mínima) y no condicionada de ninguna manera.
El ejemplo planteado por Gorz para una mirada sobre el tipo de trabajo que esta nueva sociedad puede generar es el de los círculos de cooperación, donde cada ingresante tiene "crédito" porque tiene sus capacidades y habilidades, y donde la moneda-tiempo que se utiliza no puede ser atesorada, y debe ser gastada.
La propuesta de ingreso ciudadano planteada por Gorz es una mirada inteligente, sensible e interesante sobre los problemas que el mundo acarrea. No hay manera de realizar cambios reales si éstos no son sustanciales. El capitalismo no está atravesando simplemente una crisis, los datos sobre los millones de seres humanos en la más abyecta pobreza requieren un cambio en la mirada que proyectamos sobre el mundo, y que crea cada día ese mundo. Tomando el epílogo de Gorz, en el que rescata el poder de los deseos y de la imaginación como aquel instante generador en el cual juzgamos lo que hacemos a la luz de una utopía, que reconstruye el mundo, destruyendo el sentido literal que lo sostiene y recreando sobre esos cimientos el sentido figurado, inventado, recreado, vemos que sólo la metáfora podrá hacer que los analistas simbólicos se atrevan a cambiar el mundo. Y la metáfora es la instauración de un nuevo sentido.
La referencia de Gorz a Ernst Bloch y a Paul Ricoeur, para defender sus tesis de quienes la acusan de utopía es un claro señalamiento acerca de los supuestos que nutren el pensamiento de este autor. Paul Ricoeur afirma, en el contexto de su teoría hermenéutica, que la metáfora es un enunciado que, en el marco de un discurso, y mediante una predicación no pertinente, apela a una nueva pertinencia fundada sobre la semejanza y engendra una redescripción heurística de la realidad . Por ello, Ricoeur interpreta el significado metafórico como un aumento cognitivo obtenido por la identidad de significados con permanencia de la diferencia (identidad de la diferencia). Así entonces, lo que Ricoeur plantea es la posibilidad de los humanos de inventar (que no se opone a descubrir) de nuevo el mundo a partir de lo existente. Al ligar a Bloch con Ricoeur, Gorz ancla fuertemente su tesis en supuestos que hacen de la reinvención del mundo una posibilidad diaria a la mano. Toda la variación sobre las teorías de la imaginación se pueden elaborar según dos ejes, el de presencia/ausencia y el de conciencia fascinada/conciencia crítica. En un extremo del primer eje, la imagen es sólo presencia debilitada de lo percibido (Hume). Es el caso de la imaginación vista como meramente reproductiva. En el otro extremo del eje, la imagen es lo que no es presente (sueño, retrato, ficción). Es el caso de la imaginación productiva. En el caso del segundo eje: si la imagen se confunde con lo real, estamos en presencia de una conciencia crítica nula, una conciencia fascinada. En el otro extremo del eje, la imaginación es el
instrumento de crítica de la realidad. Ricoeur no asociará la imagen a la percepción, sino al lenguaje, otorgándole una capacidad para dejar aparecer.
La utopía, a su vez, es entonces un proyecto imaginario de otra realidad, es un no-lugar desde donde miramos con ojos nuevos la realidad, y así surge el cuestionamiento de lo que es. Probablemente, el planteo gorziano deba tener en cuenta de manera cuidadosa las advertencias de Ricoeur acerca de los rasgos patológicos de las utopías: tendencia a someter la realidad al sueño, fijación sobre esquemas perfeccionistas, una lógica de todo o nada, desprecio por los grados intermedios y cegueras acerca de las contradicciones que son propias de la acción.
Claro que si la propuesta de Gorz se llevara a la práctica, si su sueño se plasmara en la realidad, estaríamos comenzando un mundo diferente. El mundo moldeado a imagen y semejanza del capitalismo ya no sería. Y habría que pensar esa propuesta no sólo desde una mirada diferente, sino desde otros ojos, creados desde nuevas categorías.
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Bibliografía
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E.A. ISUANI , "Política social y dinámica política en América Latina. ¿Nuevas respuestas para viejos problemas?", en Desarrollo económico. Revista de Ciencias sociales, v. 32, Nro. 125, Buenos Aires, 1992
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P. ROSANVALLON, La nueva cuestión social. Repensar el estado providencia, trad. H. Pons, Buenos Aires, Manantial, 1999
D. TUSSIE (comp.), El BID, el Banco Mundial y la sociedad civil: nuevas formas de financiamiento internacional, Buenos Aires, FLACSO-CBC, 1997
NOTAS
E.A. Isuani, "Política social y dinámica política en América Latina", pp. 108-109
Esa conocida la imagen de la CEPAL: una copa de champagne podría graficar la alarmante brecha entre los ricos y los pobres, donde el 20 % de la población mundial consume el 80 % de la producción, y la separación entre los que más tienen y los que poco tienen se agranda cada vez más, sin que los múltiples programas de crédito logren subsanar lo que está sucediendo. La parte superior de la copa es disfrutada por unos pocos, que tienen acceso no sólo a la cantidad, sino , sobre todo, a la calidad, y la base estrecha y mezquina es compartida, casi de manera animal, por los pobres, a quienes, si esta situación no es sometida a un giro profundo, parece asignárseles sólo un futuro de genocidio o de zoológico (Cf. Isuani, 1992, 1998)
E:A: Isuani , "Anomia social y anemia estatal", pp. 9-14
Utilizo "símbolo" en el sentido que los griegos daban a h sumbolh: juntar, reunir, encontrar un signo de reconocimiento. El mundo griego también usaba este término para connotar confluencia, cálculo, e incluso sospecha.
En sus orígenes, el símbolo era una marca o una partición en un objeto que permitía el posterior ensamblamiento de los dos trozos. Ello permitía el reconocimiento de cada uno de los poseedores de las dos partes divididas de, por ejemplo, una misma moneda.
Todas los conceptos griegos ligados a consultas, resoluciones, estados deliberativos y también el sustantivo que designa a la asamblea deliberativa, son derivados directos del término h sumbolh.
Asimismo, en este contexto pienso el término "símbolo" relacionado con las funciones propias de los analistas simbólicos descriptas en R. Reich (1993), El trabajo de las naciones, pp. 171-238
El tema de la pobreza es complejo y no puede determinarse a partir de variables simples, tales como la llamada "línea de pobreza". Cf. E.A. Isuani, "La pobreza mal medida", Clarín, 21-9-1999
K. Polanyi , La gran transformación, pp. 135-147
P. Rosanvallon , La nueva cuestión social. Repensar el Estado providencia , pp. 202-211
F. Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos. Cómo se filosofa con el martillo, trad. A. Sánchez Pascual, Madrid, Alianza, 1989, pp. 51-52
C. Offe, Partidos políticos y nuevos movimientos sociales, pp. 59-66
Rosanvallon, op. cit., pág. 116
Ibídem, pág. 119
A. Gorz, Miserias del presente, riqueza de lo posible, pág. 83
P. Ricoeur, La metáfora viva, trad. G. Baravalle, Buenos Aires, Megápolis, 1980, pp. 228-277
P. Ricoeur, Hermenéutica y acción. De la hermenéutica del texto aa la hermenéutica de la acción, trad. A. Prelooker y otros, Buenos Aires, Docencia, 1988, pp. 57-63
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Stella Accorinti, Sólo máscaras
Friedrich Nietzsche nació en 1844 y murió en 1900. Vivió en un tiempo enmascarado en la búsqueda de diversas configuraciones identitarias, y él fue un rastreador de máscaras. A su vez, también él se puso cuidadosamente su máscara y salió a escena. La máscara de Nietzsche es las máscaras de Nietzsche. Él pensó la máscara y se pensó en la máscara, hundiendo el escalpelo en su tiempo, sacando cuidadosamente una delgada máscara detrás de la otra, y negándose a hallar la piel última, verdadera y definitiva, creyendo (y riendo) que no hay última piel definitiva, descreyendo y gritando en el mercado que sólo máscaras tenemos. Y nos ponemos la máscara, y salimos a escena, una vez más. [i]
El juego de Nietzsche con el concepto móvil de la máscara fue una parte de su danza con los conceptos, una parte de su propuesta de la música del lenguaje. La proliferación de las máscaras es tomada por Nietzsche del mundo griego presocrático, todo él poblado de dioses. Este mundo lo tomó a Nietzsche y fue su idea materna genitora, uno de los muchos úteros que lo parieron. La parición de Nietzsche por el mundo presocrático es a través de los dioses. Todo está lleno de diosas y de dioses. Los dioses danzan, las diosas ríen, y Nietzsche los observó, los miró, y participó con ellos de sus rituales. Este mundo parió a Nietzsche a través de sus estudios de filología, y a pesar (y con) las múltiples voces que en sus libros se nos presentan, el filósofo alemán sacó su cabeza por la vagina de este mundo presocrático que lo fascinó, y que no se dejó abandonar ya más.
A este mundo le puso Nietzsche una máscara más. Se alejó de él, puso distancia, habituó el ojo ala calma y a la paciencia del animal de caza. No dejó que los dioses se le acercaran demasiado, se retiró muchas veces de su cercanía. Los acechó. No reaccionó fácilmente a su estímulo [ii], hizo de su decisión una decisión constantemente diferida, constantemente enmascarada, generadora de deseo, deseosa ella misma. Habituar el ojo a la paciencia, esperar que las cosas se nos acerquen, esperar como espera el animal que caza a su presa, esperar como esperamos que se aclare la imagen borrosa y difusa que aparece a lo lejos. Un acercarse que es apertura de la cosa, y que es, finalmente, el acercarse de la cosa misma. Esperar pacientemente a que el estímulo caiga a los pies de la danza hipnótica de la sabiduría de la serpiente.
Nietzsche se puso la máscara del aplazamiento del juicio, convivió con los prejuicios, habló de ellos, y muchas veces a favor de ellos. Aplazó la decisión, no respondió inmediatamente al estímulo acicateante, que no permite una de las sabidurías necesarias: ser lentos, ser desconfiados. Se puso Nietzsche la máscara del bailarín, y pensó como alguien que danza, aprendiendo a percibir los matices, el ritmo, el movimiento del cuerpo, la armonía de ese día, de esa danza, de ese momento, finalmente: del instante. Se puso la máscara de la escritura, de la que danza con los conceptos.
Las máscaras de los dioses son reales, en cuanto configuraciones de sentido que cada mundo se da a sí mismo. Son reales las máscaras del dios de los cristianos, y reales son las máscaras de los dioses paganos. Son tan reales como sólo puede serlo la metáfora viva en el ejercicio plenamente poiético de la imaginación productiva. [iii]
La persona Nietzsche era una máscara, en los sentidos en que aquí lo estamos presentando, en el sentido de sus apropiaciones del mundo, y, además y simplemente, porque el filósofo era una persona, y era también un personaje, y porque a través de sus máscaras hizo resonar sus múltiples voces.[iv]
No hay ningún origen ni fin últimos, ni verdad ni valor absolutos que buscar. Todo lo que vivimos es humano, demasiado humano, y en esta búsqueda del origen árjico perspectivístico de un origen desfondado, lo único que podemos hallar con nuestra máscara es máscara. No hay piel última. No hay piel. No hay rostro verdadero, ni rostro de la verdad.
La apuesta de Nietzsche por el atrevimiento de ser superficiales [v] es una apuesta por el coraje y la valentía, pero no un valor para hallar la verdad, sino un transvalor que propone la interpretación de la risa frente a la seriedad de las momias conceptuales. Nietzsche propuso un mundo radicalmente diferente, un mundo transvalorado, un mundo en el cual el filósofo es un artista, un creador. Un mundo lleno de diosas, lleno de dioses. Un mundo sin verdad última. Sin sombras de Dios. El mundo del nihilismo activo, creador. Una flecha tendida, tensa, expectante. Un mundo de crisis, de creación, de preñez, parto, nacimiento. No fue, ciertamente, el momento social que vivió. Las verdades metafísicas, amparantes, cegadoras, fuertes sombras de Dios, viven aún entre nosotros, en nosotros. ¿Tendremos el valor de transvalorar? ¿Otra máscara más? ¿Por qué no? Quizá...
Finalmente (¿finalmente?): [�] no hay original, el modelo de la copia es ya una copia, la copia es una copia de la copia; no hay más máscara hipócrita porque el rostro que encubre la máscara es ya una máscara, toda máscara es sólo la máscara de otra; no hay un hecho, sólo interpretaciones, cada interpretación es la interpretación de una interpretación anterior; no hay sentido propio de la palabra, sólo sentidos figurados, los conceptos son sólo metáforas disfrazadas; no hay versión auténtica del texto, sólo traducciones; no hay verdad, sólo pastiches y parodias. Y así hasta el infinito. [vi]
Notas
[i] La necesidad de la máscara se plantea no sólo en Nietzsche, sino en filósofos que, podríamos decir según las interpretaciones usuales, se hallan alejados del pensamiento del alemán. Así, leemos: "Como los comediantes llamados a escena se ponen una máscara para que no se vea el pudor en su rostro, así yo, a punto de subir a este teatro del mundo en el que hasta ahora sólo he sido espectador, me adelanto enmascarado." En René Descartes, Obras escogidas, trad. Ezequiel de Olaso y Tomás Zwanck, Buenos Aires, Charcas, 1980, pág. 17.
[ii] F. Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos. Cómo se filosofa con el martillo, trad. A.Sánchez Pascual, Madrid, Alianza, 1989, pág. 83
[iii] "Decir que una metáfora nueva es extraída de la nada es reconocerla por lo que ella es, a saber, una creación momentánea del lenguaje, una innovación semántica que no tiene estatuto ni a título de designación ni a título de connotación en el lenguaje ya establecido.", Paul Ricoeur, Hermenéutica y acción, trad. M. Prelooker et.al., Buenos Aires, Docencia, 1988, pág. 36
[iv] "Persona" deriva de esa palabra en latín, persona: máscara de actor, carácter o personaje, que corresponde al griego prósopon que significa rostro, cara o persona. El término deriva de la máscara de actor (persona, derivado a su vez de personare, resonar) que identificaba el papel que le tocaba desempeñar en escena; los estoicos tardíos aplicaron el término al ser humano, personaje movido por el destino, mientras que el derecho romano llamaba persona al sujeto de derechos, en oposición al esclavo y a las cosas. El término latino persona, entonces, tiene el mismo significado que la voz griega prósopon, es decir, máscara. A veces se hace derivar persona del verbo persono, "sonar a través de algo", "hacer resonar la voz", como la hacía resonar el actor a través de la máscara.
[v] "Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése, en todas lascosas, algo más que los motivos superficiales de éstas!", F. Nietzsche, Así habló Zarathustra. Un libro para todos y para ninguno, "El viajero", trad. A. Sánchez Pascual, Madrid, Alianza.
[vi] Pierre Klossowski, Nietzsche, Polytheismus und Parodie, en W. Hamacher, ed. Nietzsche aus Frankreich, Francfort/Berlín, Ullstein, 1986.
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Stella Accorinti, Perspectivas para el análisis de las instituciones educativas
Revista Venezolana de Ciencias Sociales
UNERMB, Vol. 8 No. 2, 2004, 213 - 224
ISSN: 1316-4090
RESUMEN
Los planteos de Castoriadis, Merleau-Ponty y De Certeau apuntan a la resignificación activa de las instituciones teniendo en cuenta la idea del sujeto social que involucrado con los otros, constituye el espacio-tiempo de las instituciones. Esta idea es un proceso, y no un ente fijo y abstracto. No está fuera de nosotros, sino en nosotros. La democracia sólo es concebible, de este modo, en el marco de un hacer no patriarcal, que involucre a todos en una producción poética de sentidos, en la cual el pensamiento cuidadoso (caring thinking) sea el suelo nutricio.
Perspectives for the analysis of educational institutions
ABSTRACT
The proposals of Castoriadis, Merleau-Ponty and De Certeau point to an active resignification of educational institutions, taking into account the idea of the social subject who while involved with others, constitutes the space-time reference for institutions. This idea is a process, not a fixed abstract entity. It is not outside of us but within us. Democracy is only conceivable, in this sense, within the framework of a non-patriarchal activity, which involves all of us in a poetic production of the senses, in which careful thought is the nutritive substrata.
Introducción
El presente trabajo tiene como objetivo, enfocar algunas aristas del pensamiento filosófico de tres eminentes pensadores Cornelius Castoriadis, de origen griego, quien desde adolescente comenzó a estudiar filosofía; al tiempo que la alternaba con su participación política; el francés Maurice, Merleau-Ponty quien enseñó filosofía en la escuela secundaria, particularmente en Chartres, en el período 1934-35. Fue un estudioso del análisis fenomenológico de Husserl, y ocupó una cátedra como profesor de psicología y pedagogía en la Sorbona en el año 1949. Se opuso abiertamente a los excesos del estalinismo y a la ausencia de crítica por parte de los órganos de dirección del partido comunista francés, por lo cual rompió con el marxismo; Michel De Certau, fue un estudioso del poder, al igual que Foucault, pero se distinguió por los aportes que hizo a las nociones de “táctica y estrategia”.
Fundamentación teórica
1. Cornelius Castoriadis
1.1. Crítica al marxismo
Cornelius Castoriadis nació el 11 de marzo de 1922 en Constantinopla. Murió en la madrugada del 27 de diciembre de 1997, en París, de un ataque cardíaco1. Durante su infancia en Atenas vivió la dictadura, y su adolescencia transcurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Se afilió al Partido comunista Griego a los 15 años, pero al poco tiempo comienza su oposición al estalinismo del partido, y debe irse, en 1945, a Francia. En 1946 se hace miembro del Partido Comunista Francés, de orientación troskista. En 1948 funda la revista Socialismo o barbarie, que será el órgano difusor del movimiento del mismo nombre, que se opondrá con fuerza tanto al capitalismo como al carácter totalitario del régimen soviético. Una de las exigencias eje de este movimiento era la participación, y es en ese momento que surge la idea de autogestión.
Luego de intensas discusiones con, entre otros, Jean-Paul Sartre, en 1965 nuestro pensador rompe definitivamente su relación con el comunismo cuando publica Marxismo y teoría revolucionaria, en el cual encontramos, además, críticas al estructuralismo que en esa época llevaban adelante Lévi-Strauss, Foucault y Althusser. En 1974, se gradúa como psicoanalista.
Castoriadis sostenía que el filósofo es un ciudadano, un ser activo y eminentemente participante en la política. La filosofía no sustituye a la política, nos dice este pensador, ya que ésta es el ejercicio vivo para la liberación y para la institución de nuevas formas sociales. La filosofía debe contribuir a cuestionar lo ya establecido, es un “poder hacer”. El modo como este pensador entendía la filosofía era como poder de creación, pero dentro de la ciudad, y no lejos de ella. Así, criticará la figura de Platón, quien cree poseer la verdad, por lo tanto, plantea que el filósofo debe ser el gobernante, o bien el consejero del gobernante.
Para nuestro autor, el filósofo es quien, habitando la ciudad, vive y sufre sus problemas, y puede crear nuevos sentidos en ella, y no fuera de ella, aunque posea una verdad trascendental. Así, el editor de la revista Socialismo o barbarie sostenía (y hacía) que a la filosofía debía dedicársele tiempo, sin duda, pero nunca sacrificándolo de la política, ya que la emancipación de un individuo sin la emancipación social era para él “una aberración”.
Castoriadis ponía como modelo a Sócrates, por su participación activa en la vida de su sociedad. Este pensador leyó filosofía desde los trece años, y dichas lecturas fueron paralelas a su participación política. Este autor critica la posición de centro que se otorga la filosofía occidental al querer explicar la totalidad (no hay explicación posible de la totalidad, ya que la totalidad es un constructo social, y porque quien intenta dar esa explicación, lo hace desde su perspectiva, lo cual ya, por sí mismo, hace abolición de cualquier posibilidad de “enfocar” la totalidad). Esta manera de ver el mundo oculta la creación humana, haciéndola aparecer sólo en las explicaciones que involucran a la divinidad, y nunca a la humanidad.
Nuestro autor no niega que haya determinaciones en las actividades sociales, pero no admite que sean necesarias y suficientes para explicar la creación humana, tanto individual como colectiva. La noción de autonomía, que aparece en sus textos en 1947, y la de creatividad de las masas, son dos conceptos que él definirá, una vez más, como políticos no sólo filosóficos. Esta perspectiva que coloca límites al determinismo, alejará el pensamiento de nuestro autor del de Marx, y habrá de llevarlo por el camino de la teoría de la institución imaginaria de la sociedad, que comienza a desarrollar en 1960.
1.2. Castoriadis y la
sinstituciones imaginarias
La historia no posee un sentido unívoco, no hay sentido inmanente, como lo plantea el funcionalismo (reproducción, autopreservación) ni sentidos trascendentes o por afuera de lo social (Razón, Dios). La historia se existe porque cada vez aparece una sociedad, y es esa emergencia lo que delinea los rasgos y contornos de la historia en su hacerse. Y la sociedad es, por lo tanto, histórica, y por serlo, siempre, no puede ser sometida al control racional. Las instituciones se hacen instituyéndose. Lo social-histórico se configura a través de instituciones que funcionan como significaciones imaginarias sociales (nación, tabú, mercadería, pecado, virtud).
Castoriadis sostiene que la oposición entre individuo y sociedad que plantean tanto la filosofía como el psicoanálisis es falsa, ya que la psiquis y los social-histórico son “irreductibles uno al otro.” Hay un núcleo asocial ineliminable en la psiquis humana. Y este núcleo es la fuente de la imaginación, y por lo tanto, de la transformación social. De esta manera, la autonomía es definida como posibilidad de apertura y de cuestionamiento de las propias bases en las que se instituyó.
1.3. Democracia y educación
De acuerdo con lo precedente, la democracia será una actividad de autoinstitución constante: una sociedad que permanentemente se pregunta acerca de su existencia y los fundamentos de su existencia. Esta permanente pregunta no atañe sólo a las decisiones finales, sino que es parte del proceso todo, y de esa manera se evita que la democracia sea un dogma más. La posición de Castoriadis ataca frontalmente la mirada de que lo instituido es ineluctable.
La educación es para este pensador, una dimensión central de cualquier política de autonomía, ya que la socialización de los individuos se hace siempre por la participación. Y en este punto, la constante pregunta por la libertad, es tanto fin como principio de la educación. La educación es una praxis política, que por ser siempre de conocimientos fragmentarios debe ser una práctica de acción y de recreación de los procedimientos y de los métodos, y de sus formas de relación. Este modo de ver la educación devuelve a maestras y maestros su autonomía, pero lo hace colocándolos frente a sus responsabilidades políticas.
Política, psicoanálisis y educación se hallan inmersos en una producción teórica correspondiente al terreno de lo ambiguo. Son teorías para no ser usadas, dice Castoriadis, en el sentido de que ellas no son útiles para el control. Son, en todo caso, actividades práctico-poiéticas.
Lo cierto es que el imaginario social instituyente es una fuerza de creación, pero esta creación pare tanto emancipación como alienación, tanto autonomía como desigualdad. Por eso, nuestro pensador antepuso siempre la política a la filosofía. Porque no somos neutrales. Tomamos decisiones, y debemos transparentar cuáles son ellas, cuáles sus fundamentos, y cuáles las posibilidades de autonomía, libertad y emancipación que se pueden lograr. La determinación absoluta no existe. La economía nos determina, pero la economía es institucional, y es parte del imaginario. Sólo Dios es planteado como no-parte del imaginario por quienes sostienen la corte del Cielo. Pero ya sabemos, Dios ha muerto. Nos queda todo por hacer.
2. Merleau-Ponty
2.1. El pensamiento
existencialista
Merleau-Ponty, Maurice nació en 1908 en Francia, y murió en 1961 Entre 1926 y 1930 estudió en la École Normale Supérieure de París. Luego fue profesor de filosofía en varios institutos de enseñanza secundaria (Beauvois en 1931-33, Chartres, 1934-35, institutos Carnot y Condorcet en París entre 1940-44). En esta etapa conoció a J. P. Sartre, estuvo bajo la influencia del pensamiento de Bergson y especialmente de la fenomenología de Husserl.
En 1945 presentó dos obras importantes para conseguir el grado de doctor: La estructura del comportamiento (escrita en 1942), y La fenomenología de la percepción. En estos textos, que se inscriben en la corriente fenomenológica y existencialista, analiza la percepción, pero más allá de las usuales interpretaciones psicológicas; considera que el análisis fenomenológico revela que la percepción es una síntesis, pero más práctica que intelectual (lo que le acerca a Bergson y a los pragmatistas), razón por la cual ninguna verdad es absoluta ni atemporal.
La percepción es la relación entre la conciencia y el mundo y, por tanto, mediatizada por esta relación. La percepción es percepción de objetos, y en ella está involucrada la estructura entera del organismo: los sentidos son las diversas formas de estructuración de que dispone un organismo. Ahora bien, en cuanto que el cuerpo (y la carne) es el que constituye la inserción de la conciencia en el mundo, y el lenguaje es su instrumento, estas nociones de cuerpo y lenguaje, entendidas desde la fenomenología de la percepción, pasan a ser los conceptos centrales de su investigación.
2.2. Su relación con el marxismo
Ya nombrado en el año 1945, maestro de conferencias en la Universidad de Lyon, su pensamiento, además de inscribirse en la tradición fenomenológica y existencialista, ya había recibido muchas influencias marxistas. Esta conjunción entre marxismo y existencialismo le acercó a Sartre, con el que fundó -junto con Simone de Beauvoir -, la revista Les Temps Modernes (1945), y le encaminó hacia el partido comunista. Se enfrentó a las corrientes cientificistas e idealistas, y sostuvo que, de la misma manera que el mundo nos determina, solamente hay mundo por nosotros.2 Por esta época, publicó Humanismo y terror (1947) y Sentido y no sentido (1948), en los que se manifiesta la vertiente más marxista de su obra, centrada en el análisis de la noción de alienación, pero también empezó a ocuparse del que sería su novedoso enfoque de las relaciones entre alma y cuerpo.
En 1949 accedió a un puesto de profesor de psicología y pedagogía en la Sorbona, y publicó un importante estudio de psicología. Finalmente, en 1953 ocupó la misma cátedra que había ocupado Bergson, con un importante discurso de toma de posesión (Elogio de la filosofía) en el que analizaba el pensamiento de este filósofo. Entre tanto, abandonó su militancia política en el partido comunista, debido fundamentalmente al conocimiento de las atrocidades del estalinismo y a la ausencia de crítica por parte de los órganos de dirección del partido comunista francés, que seguía la disciplina marcada por los soviéticos3. No obstante, siguió considerando que el marxismo, más allá de las falsas y esclerotizadas interpretaciones que de él hacían los partidos comunistas, seguía siendo una importante teoría para la acción política. En Las aventuras de la dialéctica (1955), hizo un estudio crítico del marxismo y de su proceso de esclerotización y conversión en doctrina acrítica.
2.3. La ruptura con el marxismo
En 1955, debido a esta posición crítica con el marxismo, rompe con Sartre y abandona la revista que habían fundado, defendiendo la tesis según la cual, aunque el filósofo debe estar comprometido con su tiempo y con los problemas sociales, no puede encasillarse en ningún partido o Iglesia que defienda la posesión de la verdad, y reivindica el papel crítico de la filosofía. No obstante, las diferencias entre ambos autores no eran solamente de índole política, sino que arrancaban de una distinta interpretación de la ontología. En esta discrepancia se muestra uno de los temas centrales del pensamiento de Merleau-Ponty: la relación entre el ser humano y el mundo, entendidos como relación entre conciencia y naturaleza. Radicalmente opuesto a todo dualismo, rechaza no sólo el dualismo psico-físico, sino también el dualismo sartriano entre lo en-sí y el para-sí.
En lugar de esta oposición, Merleau-Ponty defendía que el locus esencial de la existencia es la experiencia de la percepción, donde sujeto y objeto forman una relación dialéctica de co-implicación que va más allá del materialismo y del idealismo, es decir, de las clásicas soluciones al dualismo psico-físico. Rechazó tanto la concepción de la conciencia como de interioridad, como la del cuerpo como cosa. Mente y cuerpo forman una unión que se expresa en distintos niveles de comportamiento: los seres humanos somos conciencia y cuerpo. Y esta relación entre conciencia y cuerpo, entre humanos, humanas y mundo, no es la relación de un sujeto con un objeto. Para él, el «yo pienso» se funda en un primer «yo percibo».
En este sentido, podemos afirmar que Merleau-Ponty rechaza la noción clásica del sujeto. Por otra parte, tampoco concibe el cuerpo como un mero objeto, sino que es mi punto de vista sobre el mundo, y la condición de posibilidad de la espacialidad que –según él–, es la primera condición de toda percepción. El sujeto percipiente no es propiamente un ser material o espiritual, es más bien un modo de ser que es fundador de todo ser. El sujeto queda concebido como principio de constitución que, mediante la percepción, puede superar lo meramente dado y trascenderlo4.
3. Michel De Certeau
3.1. Táctica y estrategia
Las nociones de táctica y estrategia planteadas por M. De Certau en La invención de lo cotidiano, constituyen un eje insoslayable cuando de analizar instituciones se trata. El autor sostiene que “el análisis muestra más bien que la relación siempre social, determina sus términos y no a la inversa"5.
Michel Foucault ya había observado los aparatos que ejercen el poder, en Vigilar y castigar. Las instituciones legales, o sea, la sociedad disciplinaria en su conjunto, han reorganizado las instituciones y el funcionamiento del poder a través de procedimientos técnicos, que redistribuyen el espacio y lo convierten en operador de una “vigilancia” generalizada.
De Certeau dice que “si es verdad que por todas partes se extiende la red de la vigilancia es por tanto más urgente descubrir cómo una sociedad entera se resiste a ser reducida a ella; qué procedimientos populares juegan con los mecanismos de la disciplina y no se conforman con ellos más que para revertirlos. Finalmente, cuales ”maneras de hacer" forman la contrapartida, del lado de los consumidores, de los procedimientos mudos que organizan la puesta en orden sociopolítica"6.
Este pensador sostiene que a través de diversas prácticas, los usuarios se reapropian el espacio organizado por las técnicas de la producción sociocultural análogas (porque se trata de distinguir las operaciones que están en el interior de las estructuras tecnócratas, desviando el funcionamiento mediante tácticas) y contrarias a las que trataba Foucault. (Son contrarias porque la táctica de los consumidores va recreando, en los límites, la red de una antidisciplina).
Dice De Certeau respecto de la estrategia: “Es el cálculo de las relaciones de fuerza que deviene posible a partir del momento en que un sujeto de deseo y de poder es aislable de un entorno. La racionalidad política, económica o científica está construida sobre ese modelo estratégico. Entiéndase estrategias, aplicadas por las grandes corporaciones, tendientes a la acumulación de capital y a hacer efectivas técnicas de control social”7.
Respecto de tácticas, nos dice que es un cálculo que no puede contar con una frontera que se distingue del otro como una totalidad visible. No dispone de una base donde capitalizar sus ventajas, donde preparar sus expansiones y asegurar una independencia en relación a las circunstancias.
De Certeau utiliza el adjetivo subvertor en conjunto con tácticas, por lo que se entiende que las tácticas son acciones tendientes a trastrocar, convertir, revolucionar un orden establecido, a través de una estructura y/o sistema. Se utiliza el “otro propio”, a la hora de enfrentarse con estrategias dominantes, para convertirlas en “lo propio” suyo.
Aquellos que poseen los recursos necesarios para plantear estrategias, poseen un propio, y fundamentalmente manejan los espacios, sean estos reales o virtuales, pero se trata de espacios, para llevar a cabo sus estrategias macroeconómicas tendientes a la conformación de la sociedad cibernética. Es por ello que las tácticas subvertoras se convierten en herramientas destructoras - o por lo menos inhibidoras - de contracontrol social. Y es la velocidad un factor determinante, en el uso y desarrollo de las mismas.
3.2. El orden dado y las tácticas
¿De qué orden dado estamos hablando en este caso? ¿Qué subvierten estas tácticas? ¿Por qué son tácticas y no estrategias?. Entre otras cosas, porque la aceleración en los procesos de producción de la mano de la tecnología, ha dejado indefenso al mundo cotidiano en los ataques contra su privacidad. El tiempo que se vive en el mundo virtual ha hecho a los ciclos de producción, de negocio, de entretenimiento, de conocimiento, demasiado rápidos para que el hombre sea capaz de asimilarlos. Las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación produjeron una saturación informativa, visual, sonora y de control. El surgimiento de las nuevas tecnologías plantea serios problemas con respecto a la privacidad de las personas. El mito del anonimato en la navegación a través de Internet ha quedado desterrado, luego de intensos y productivos esfuerzos de algunos sectores para controlar lo que dicen, hacen, o no hacen las personas en su vida real y su mundo virtual.
En este sentido, las estrategias dominantes son planificadas por los grandes capitales. Este triunfo transnacional amenaza a la privacidad y el atropello a los derechos ciudadanos. En Estados Unidos, unos 100 organismos federales comparten sus datos, con las compañías financieras de análisis crediticio. Con este cruce de información el 80 % de los ciudadanos tienen sus vidas, íntegramente retratadas en los ordenadores del gobierno y las corporaciones. Allí está registrado cómo saldan sus préstamos, educan a sus hijos, o pagan sus alquileres. Dónde comen, qué leen, qué barrios habitúan, adonde se van de vacaciones, etc. Las causas por las cuales se ejerce desde el poder hegemónico este intento de control social son variadas, entre las cuales podemos mencionar: control fiscal, seguimiento ideológico y un abusivo uso de técnicas de marketing directo sobre los consumidores/usuarios. Las nuevas tecnologías permiten un nivel sin precedente de violación de la intimidad.
Pero además, hay una dependencia de conocimientos. Una dependencia concreta, basada en el desarrollo del hardware, pero sobre todo del software. Si el software es la idea materializada en bits del funcionamiento de “la cosa”, pues entonces, quien desarrolle el software, lo maneje y organice, aplicará indudablemente estrategias cognoscentes y conscientes, tendientes al control social en una sociedad cibernética. Esto, sucederá indefectiblemente si el desarrollo viene de la mano de las grandes corporaciones.
Nuestro autor habla de los consumidores, o usuarios a quienes califica de dominados; y la misma traslación puede realizarse hacia quienes utilizan el correo electrónico cotidianamente. En el uso diario, las representaciones, las reproducciones e inclusive las producciones de los “usuarios”, son mucho más poderosas que las que planteaban las tecnologías de información “tradicionales”. Es que la interactividad promete y propone formas inigualables de producción personal, microfísica y resistente.
A modo de conclusión
Las organizaciones de la sociedad civil al igual que las gubernamentales, constituyen espacios donde los actores, sus papeles, sus producciones, su acción social, no se explican por sí mismos. Y descubrir los rasgos identitarios requiere un rodeo. Las funciones, fracturas, conflictos, llevan las marcas del proceso de institucionalización, la lucha entre lo instituido y lo instituyente, de las fuerzas puestas en juego, de los grupos sociales involucrados8.
Los planteos de Castoriadis, Merleau-Ponty y De Certeau apuntan a la resignificación activa de las instituciones a partir de un núcleo social que les es inescindible, y que no se opone al individuo que la conforma. Esta es la idea del sujeto social que involucrado con los otros, se constituye y constituye el espacio-tiempo de las instituciones. Esta idea es un proceso, y no un ente fijo y abstracto. No está fuera de nosotros, sino en nosotros y en nosotras. La democracia sólo es concebible, de este modo, en el marco de un hacer no patriarcal, que involucre a todas y a todos en una producción poiética de sentidos, en la cual el pensamiento cuidadoso (caring thinking) sea el suelo nutricio de este nuevo pensar-hacer.
Los tres pensadores que hemos tomado para el análisis comparten una perspectiva similar, que es una mirada antidualista. En ese sentido, niegan que haya sujeto-objeto en el análisis institucional: no hay individuo opuesto a sociedad, ni hay sociedad versus instituciones. Somos un todo complejo, inexplicable por inabarcable, por ambiguo y por estar en permanente cambio y movimiento.
Para entender, comprender y vivir estas nuestras instituciones de hoy (único modo posible de realizar análisis institucional poiético) debiéramos pensar de nuevo, con una nueva apuesta, qué son las instituciones.
Las viejas miradas patriarcales, que unen de manera férrea la democracia con el capitalismo no nos sirven para generar nuevos espacios. Pero lo cierto es que la generación de nuevos espacios se hace en el espacio mismo, y, justamente, por el espacio mismo. Así entonces, las nuevas instituciones están pariéndose. Pensar cuáles son los elementos que mejor se adaptan a su análisis es nuestra tarea. Una tarea de segundo orden, como es siempre la tarea de la filosofía. Porque de esto se trata: de las fronteras anexactas entre las disciplinas, y, en este caso, entre las ciencias sociales, la educación y la filosofía.
En este sentido, la filosofía tiene un papel para cumplir en esta obra: es el papel de invisibilizarse y dar pregunta. Porque sólo si cambiamos las preguntas, cambiaremos las respuestas. Y es cierto que en este texto de qué cosa sea el análisis institucional es cómo podremos ver cuál es la relevancia para el análisis institucional que determinados rasgos y contornos paradigmáticos (no me refiero a nuevos paradigmas) pueden ofrecernos. Porque si bien el contexto es importante, no debe hacernos perder de vista el texto. No siempre el contexto explica de manera suficiente y necesaria el texto, aunque existan, aún hoy, pretensiones totalizantes de ese tipo. Tampoco el texto se explica por sí solo, pero es hora de bucear en él, porque el contexto suele taparnos el texto con demasiada frecuencia.
Y lo que queremos es analizar las instituciones educativas, y para ello, una buena manera de comenzar podría ser preguntarse por las arjaí productoras de las miradas que crean y recrean la institución educativa, la gestión, los símbolos. Y analizar cuáles son los fundamentos de las experiencias que usamos como datos. Porque no hay datos neutrales, y la experiencia es, toda ella, una construcción del imaginario, en el cual no hay oposición entre mente y cuerpo ni entre individuo y sociedad, y donde las tácticas y estrategias juegan su rol en cada espacio, en cada tiempo.
Además, si la perspectiva de análisis no tiene una red lo suficientemente flexible, audaz y entretejida de sospecha, poco y nada podremos hacer por un mundo mejor para todas, para todos. Porque de esto se trata, en definitiva. Ya que si las mujeres están excluidas de decidir sobre su cuerpo, qué instituciones constituye esta mirada, puesto que si los niños y las niñas no pueden reivindicar políticamente derechos porque son “menores”, qué instituciones forja este imaginario; ya que si los pobres y marginados no son tenidos en cuenta ya en muchas encuestas, en virtud de que no son consumidores, qué análisis institucional es el que proponemos.
Los problemas más cotidianos son problemas políticos, todos los lugares de encuentro son símbolos enraizados en la cultura, que resignifican y dan mundo a los sujetos que están en ellos.
La investigación en las instituciones, pensando las instituciones, debería preguntarse qué investiga, para poder dar cuenta de cuáles son sus preguntas fundamentales. ¿Dónde está nuestro deseo en la investigación? ¿Qué queremos hacer? ¿Qué queremos decir? Si no se nos permite decirlo, ¿qué se nos quiere decir? ¿Cuáles son los significantes institucionales que dan cuerpo a la investigación acerca de las instituciones educativas?
La investigación institucional está orientada, en muchos casos, por megainstituciones que financian esas investigaciones. Nosotros, sujetos conformados por la institución, ¿cómo saltaremos sobre nuestra propia sombra? ¿Aún tenemos tiempo de hablar de placer y deseo en la investigación sobre el análisis de las instituciones, en este caso, educativas? ¿Cuál es la implicación9 de los actores en esto? Y, finalmente, ¿cuáles son los criterios por los cuales la investigación sobre el análisis de las instituciones educativas desde perspectivas que toman autores como los que hemos citado en este trabajo, se ve reflejada tan escasamente en la práctica que de la teoría se realiza, justamente, en las instituciones?
Referencias bibliográficas
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Castoriadis, C. (1969) Maio 68: inventário de uma rebelião, Río de Janeiro, Morales Editores.
Castoriadis, C. (1981) Da ecologia à autonomía, São Paulo, Brasiliense.
Castoriadis, C. (1992) A criação histórica, Porto Alegre, Artes e Ofícios.
Castoriadis, C. (1993) La institución imaginaria de la sociedad, Buenos Aires, Tusquets, vol. 1.
De Certeau, M. (1996) La invención de lo cotidiano, México, Universidad Iberoamericana.
Kaminsky, G. (1993) Dispositivos institucionales. Democracia y autoritarismo en los problemas institucionales, Buenos Aires, Lugar.
Loureau, R. (1975) El análisis institucional, Buenos Aires, Amorrortu.
Merleau-Ponty, M. (1985) Fenomenología de la percepción, trad. J. Cabanes, Barcelona, Planeta.
Oliker, M. (1979) Review of Predicting the Behavior of the Educational Institutions, in Philosophy of Education, ed. Jerrold R. Coombs, Illinois, Normal, Philosophy of Education Society, pp. 252-259.
Wacquant, L.. (2000) Las cárceles de la miseria, trad. H. Pons, Editorial Manantial, Buenos Aires, Argentina.
© 2007 Stella M. Accorinti
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Stella Accorinti, FILOSOFÍA PARA NIÑOS y la comunidad de investigación (indagación)
La aldea global nos regala a través de sus rápidos sistemas de comunicación un complejo entramado de violencias: vemos cómo crece la discriminación de todo tipo en el mundo (los ataques de skinheads a desprevenidos transeúntes de cabello largo –o cualquier otra característica no aceptada por estas tribus urbanas ultraviolentas– se da tanto en Alemania como en el Barrio Norte de la ciudad de Buenos Aires en nuestro país) y la voluntad de dominio generadora de guerras atroces, silenciosas y de las otras, se encuentra en un punto tan alto como en los peores momentos de la historia.
La pregunta angustiante en estos casos es si basta la educación tal como está estructurada; si alcanza con realizar tareas de reflexión con los estudiantes y las estudiantes, por ejemplo, leyendo columnas de opinión de pensadores judíos como George Steiner, Amos Oz y Arthur Hertzberg, de pensadores musulmanes, como Abdala Desuque. Me pregunto si es suficiente leer y comentar cartas abiertas de Marcos Aguinis, de Salman Rushdie, de Taslima Nasrin. ¿Cuáles son los logros de escuchar con los estudiantes la “Canción del odio” de Alberto Favero, y reflexionar sobre la terrible ironía del tema, y sobre el dolor que hace que los humanos pensemos con esa fuerza? ¿Sobre qué se vuelca esta reflexión? ¿Cuáles son los supuestos éticos, gnoseológicos, pedagógicos, psicológicos y políticos que sustentan nuestra educación tal como ella está estructurada en este momento histórico? ¿Por qué si pensamos que esos supuestos son insostenibles (y así podemos leerlo en los trabajos de los investigadores que hacen lo que se ha dado en denominar ‘hard therory’ o ‘teoría de punta’ o ‘de avanzada’), continuamos maquillando una educación que ya ha demostrado ser inútil en muchos aspectos? Aquellos que realizamos nuestra vida a través de la educación, nos preguntamos a menudo, y cada vez con más dolor, cuáles son las relaciones entre la intolerancia, el mal y el sufrimiento humanos. Quizás esta pregunta esté mucho más presente en los corazones de los argentinos desde momentos históricos de larga duración, como la última dictadura militar, de cuyo inicio se cumplieron 30 años ya, o momentos históricos de corta duración, como el de aquel lunes 18 de julio de 1994, día en que el edificio de la AMIA quedó reducido a un montón de escombros.
Cómo luchar contra el fanatismo sin convertirse en fanático, nos preguntamos. Y nos preguntamos, siempre, acerca de la educación que contribuyó a la formación de las personas que incursionan en la violencia, y nos preguntamos, por ejemplo, acerca de la educación que fue la tierra nutricia en la que crecieron las familias y los amigos de quienes planificaron colocar una bomba que hiciera desaparecer a cien personas (o a una) y de aquel que la colocó, y la misma pregunta para las familias y amigos de quienes torturan o torturaron a un ser humano ( o a cien). ¿No habrá sonado la hora que indica que una educación basada en la palabra de un maestro, poseedor de la verdad, da como resultado personas que siempre quieren ser dueñas de la verdad? ¿Será, quizá, que quienes han sido educados mediante un sistema tradicional, en el cual el maestro sostiene una verdad, terminan creyendo que hay una verdad, y que ellos la poseen? ¿Una educación autoritaria puede dar como resultado personas no autoritarias? ¿Una educación donde no hay construcción (producción), sino sólo mímesis –imitar al maestro y sus respuestas– y destrucción –el error debe ser destruido, tachado, suprimido–, es el camino correcto hacia un mundo mejor? ¿Qué nos ha dado como resultado una educación que no tiene como prioridad hacer que todos aprendan a dar respuestas provisorias, con sensibilidad hacia el contexto, sino que nos ha enseñado a repetir respuestas sin pensar en nada más? Pareciera que la falta de tolerancia que vemos en los sistemas tradicionales de educación ha parido no sólo intolerantes en el campo de lo moral, sino también intolerantes en el campo de lo cognoscitivo, es decir, personas incapaces de investigar, de abrir un texto mediante preguntas, incapaces de proyectar sus supuestos en los textos para construir una nueva idea sobre los cimientos de las palabras que leen, incapaces de preguntar. Deconstuir la escuela como artefacto de enseñanza de las respuestas correctas es un enorme desafío, construirla como academia sin paredes, en cuyo frontispicio se lea “Que no entre aquí quien no desee ser un investigador” pareciera un camino necesario a transitar.
La tolerancia no se da mágicamente y el uso del pensamiento multidimensional y de de las habilidades de razonamiento que de este uso se desprenden, es una tarea ardua: si los seres humanos no nos acostumbramos a ser tolerantes durante un largo aprendizaje desde que somos muy pequeños, a dar buenas razones para sostener nuestras opiniones, a respetar al otro, a construir nuestros argumentos sobre los argumentos de los demás, lo lograremos sólo con gran dificultad siendo ya adultos. Y es muy probable que para un adulto no habituado a consensuar sus ideas, la misma palabra “consenso” suene molesta. Quien ha adquirido la costumbre de avasallar, es muy probable que sea avasallador e intolerante. Quien ha adquirido la costumbre del cuidado del otro, es muy probable que lo ejerza. No hay nada mágico ni definitivo en esto, pero sí hay, con seguridad, más posibilidades de vivir en un mundo mejor para todas y para todos. Aprender a vivir de manera tolerante significa respetar el multiculturalismo existente, y que se da, por lo tanto, también en el ámbito escolar. Así planteada la temática, el sistema educativo ya no puede encogerse de hombros frente a la investigación ética, tanto en lo general y frente a las preguntas ¿en qué clase de mundo queremos vivir? y ¿es éste el mejor de los mundos posibles?, como en lo particular, como es el desarrollo de las distintas currícula, donde sería deseable plantear temas que afectan directamente el desarrollo de la persona.
La dramática discusión filosófica acerca de los derechos de los niños (y de las personas en general, dado el punto nodal de la discusión que planteo alrededor del concepto de persona) alcanza uno de sus puntos más elevados cuando hablamos de la aplicación de los derechos. Pareciera que los humanos nos ponemos fácilmente de acuerdo en los derechos formales y ‘universales’, pero no adquirimos la sensibilidad necesaria y el compromiso para hacer cumplir estos derechos. Así entonces, el desarrollo de la sensibilidad al contexto es una de las construcciones que debería realizar, de manera perentoria, la educación. Para que el adulto sea capaz de relacionarse utilizando juicios de valor fundados en buenas razones, se necesita el aprendizaje de este uso de buenas razones. El niño y la niña deben decidir acerca de aquello que les interesa, por ejemplo, la educación, para ser capaces así de decidir acerca de su propia vida, en general, tanto mientras transcurre su niñez como cuando, continuando su vida, se conviertan en adultos.
Si los niños desarrollan su sensibilidad frente al contexto es probable que aprendan a ser tolerantes. La tolerancia y el cuidado del otro no son meramente valores a declarar, pues entonces se vacían de contenido, sino que son, antes que nada, el reconocimiento de una educación distinta donde cada yo, cuidante del alter ego (otro yo como yo), se enriquece. Es la diversidad ajena la que me muestra la diferencia, y es esta diferencia la que amplía mi cosmovisión. Hay personas diferentes de mí en el mundo, y yo me esfuerzo para convivir con ellas (no meramente coexistir con ellas). La diferencia de los demás hace que me enriquezca, que crezca. Y es por el sentimiento de empatía con el alter ego que se da un mejor acceso al área cognoscitiva (separando áreas cognoscitiva y afectiva sólo como analítica del discurso). Por medio de los juicios emotivos abrimos nuestro ser al mundo de tal modo que la construcción de la solidaridad y la tolerancia se dan como un trabajo continuo.
Yendo a los supuestos de Filosofía para Niños (FpN), a sus bases y raíces, esto es lo que propone el programa, hacia donde tiende, y lo que busca. Un mundo mejor para todos, bajo la forma de una pregunta: ¿es posible un mundo mejor para todos? FpN apuesta por la construcción de un mundo mejor para todos y para todas, donde la investigación sea la cabecera de la educación, y a la vez, su objetivo primordial. Otro mundo es posible.
¿Filosofía para niños? (¿La otra educación?)
FpN apuesta por la filosofía como actividad para lograr pensamiento cuidadoso del otro (caring thinking) , creativo y crítico, que pueda ser desarrollado por lniños , jóvenes y adultos en de una comunidades de investigación. La comunidad de investigación no es un objeto concluido sino un proceso y es, ante todo, una experiencia en la cual se deben dar determinadas conductas, entre las que se cabe destacar:
• aceptar de buen grado las correcciones de los compañeros;
• ser capaz de escuchar atentamente a los otros;
• poder revisar los propios puntos de vista a la luz de los argumentos de los demás;
• ser capaz de considerar y estudiar las ideas de los otros;
• construir a partir de las ideas de los demás nuestro pensamiento;
• poder desarrollar nuestras propias ideas seriamente y sin sentir miedo por el rechazo o por la posible incomprensión de los otros;
• estar abierto a nuevas ideas y ser fieles a nosotros mismos;
• aceptar y respetar los derechos de los otros a expresar sus propios puntos de vista;
• ser capaz de detectar opiniones subyacentes;
• buscar la coherencia cuando argumentamos diferentes puntos de vista y preguntar cuestiones relevantes;
• hacer patentes las relaciones de medios a fines;
• mostrar respeto por las personas que integran la comunidad;
• mostrar sensibilidad respecto del contexto especialmente, cuando se discute la conducta moral;
• pedir y dar razones;
• discutir los temas con la mayor imparcialidad posible;
• preguntar por los criterios que se están utilizando.
El método utilizado por FpN se encarna en la mayéutica no se agota en lo formal sino que propone contenidos filosóficos –como preguntas siempre vivas– como corazón de esta manera de ver la educación. Decir que FpN propone contenidos filosóficos es hacer notar que no estamos meramente frente a un método, que se puede rellenar, cual un molde, con contenidos diversos. Por el contrario, FpN es un programa en el cual trabajan, de manera íntimamente unidos, un método y un contenido (en continuo proceso de recreación): el método, la mayéutica, está unido indisolublemente a contenidos filosóficos. Estos contenidos filosóficos, es cierto, tienen miles de años de antigüedad o, aun siendo recientes, se nutren en esos muchos siglos, pero también es cierto que se recrean cada día en las clases de FpN. Esta recreación de la filosofía es el verdadero objetivo del programa, ya que son los participantes de la comunidad de investigación quienes, con la guía de su interés, conducen las clases, que son coordinadas por sus docentes.
En tanto la búsqueda de la propia sabiduría, el conocerse a sí mismo, es la tarea última (primera y fundamental) que cada ser humano se propone, la filosofía es el quehacer más propio de las mujeres y de los hombres. ¿Podemos los seres humanos conocernos a nosotros mismos? Quizá no, pero es ineludible andar ese camino. Podemos negar impulsos vitales: comer, mantener relaciones sexuales; podemos negar los impulsos culturales más acendrados: escuchar música, escribir, leer, mirar un cuadro. Pero no podemos dejar de pensar, y nunca los humanos han dejado de hacer y hacerse las humanas preguntas: ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿por qué nos hacemos preguntas?, ¿es éste el mejor de los mundos posibles? ¿Cuál es mi rol en todo esto? ¿Cuál quisiera yo que sea mi rol? Y son estas grandes preguntas las que contienen las pequeñas preguntas: ¿estoy razonando correctamente?, ¿puedo razonar mejor?, ¿puedo mejorar mi pensamiento crítico?, ¿puedo elaborar pensamientos creativos?, ¿puedo, una y otra vez, fundamentar lo que pienso en el pensamiento cuidante? (caring thinking)
Paradójicamente, la educación que brindamos a nuestros niños, niñas y jóvenes ha eludido larga y eficazmente estas preguntas. La currícula de la escuela inicial, primaria y media (o primaria y secundaria) no está vertebrada alrededor de las preguntas sino alrededor de las respuestas. Y la mecanización del conocimiento da como resultado, año tras año, niños y jóvenes cada vez menos pensantes. Pero la educación aún tiene algo para decir: la filosofía como eje vertebrador del currículum escolar es una posible solución para un mundo enfermo de falta de juicio cuidadoso de los demás, creativo y crítico. Y si bien nada nos asegura que el que conoce el bien, obra bien, según la máxima socrática, los ataques furiosos de la intolerancia en el mundo nos urgen por un compromiso sensible con los niños, las niñas, los adolescentes. FpN propone privilegiar las preguntas, propone privilegiar un mundo sensible, pero no a través del dogmatismo de la enseñanza a repetición, sino a través del proceso de investigación que implica atreverse a hacer preguntas y a que nos hagan preguntas, a través de la apertura del corazón intelectual a las inquietudes de estas pequeñas personas con las que compartimos la educación. Podemos lograr que ellos sean mejores ciudadanos, pero, sobre todo, mejores seres humanos, contemplando en su enseñanza el uso de la emotividad y la razonabilidad (la razón temperada por la sensibilidad y la emoción, que es, también, pensamiento)
Es posible que ya no sea el tiempo de aquella vieja razón ilustrada, que creía que todo lo podía por sí misma, ni de aquel romanticismo que creía que la razón era el enemigo. Quizá sea más fructífero pensar que los hombres y las mujeres somos racionales e irracionales a la vez: deberíamos, entonces, elaborar una educación para lo que somos (lo que nos decimos que somos, lo que somos por construcción). El niño puede ser moral o inmoral. Pero no es menos cierto que tenemos el deber de proporcionarle un mundo aceptable de posibilidades, para que pueda elegir, y ese mundo está conformado, sobre todo, por su capacidad de pensar, de elegir, de emocionarse. Ser pensante, tolerante, respetuoso de las ideas ajenas, compañero, amigo, solidario, son acciones que se aprenden. Si hacemos que los niños cultiven cuidadosamente todo esto desde pequeños, es más probable que continúen haciéndolo cuando sean adultos que si no lo han hecho antes. Y la comunidad de indagación se propone como un marco de ejercitación para estas conductas, ya que podemos enseñar teóricamente que ser tolerante está (hace) bien y ser intolerante está (hace) mal, y los niños lo repetirán, pero en la disociación que aprenden fácilmente a través de las conductas de los adultos pueden ser intolerantes sin juzgar que eso esté mal, si no han ejercitado el juicio moral de manera continua.
FpN se presenta como una propuesta para lograr el pensamiento multidimensional (pensamiento cuidadoso del otro, creativo y crítico). Esta propuesta pregunta por el sentido de la existencia, y obliga a la comunidad de indagación toda (el docente y los estudiantes, la docente y los directivos, los docentes y los no docentes, las madres, los padres y la escuela) a preguntarse crítica, creativa y cuidadosamente por sus propios supuestos, por el suelo de su decir y hacer, por la tierra que fundamenta su vida, por las conexiones que hilan su existencia, por el sentido (o sinsentido) de la cosmovisión que preside nuestros pasos filosóficos. FpN supone que para llegar a ser pensantes, solidarios y libres los niños deberían aprender a serlo en un proceso llevado adelante mostrando y practicando qué es pensar por nosotros mismos en comunidades de investigación, qué son la solidaridad y la libertad, un marco que constituye la forma y el contenido (la forma-contenido) del aprender a pensar por sí mismos. Es en este proceso como se logra el pensar crítico, creativo y cuidadoso (el supuesto aquí es: a pensar se aprende pensando). El programa se detendrá, interesado y maravillado, en aquellas preguntas que apunten hacia el sentido y hacia el asombro. Preguntará, con preguntas verdaderas (Gadamer, 1990), por la coherencia, trabajando por alejarse del falso diálogo, donde se simula una escucha que no existe (Freire, 1976). El profesor buscará, junto con los niños, los supuestos que subyacen a lo preguntado, pedirá que justifiquen lo comentado, solicitará que apoyen sus ideas en las ideas de los demás. La profesora y la maestra, convertidas en coordinadoras (co-ordenadoras) trabajarán con los estudiantes y la formadora de FpN la coherencia de lo que se dice, solicitarán y practicarán autocorrección y autoevaluación. La pregunta “¿por qué?”, constante, permanente, estará presente siempre en las sesiones del programa, pidiendo razones, sensibilizándonos con el contexto.
Los supuestos en Filosofía para Niños
Lo que afirmamos afirmando
Estar involucrado en una tarea de comunidad de indagación (c.i.), implica, por lo menos:
a) En el orden político: apostar por valores como el debate abierto, el pluralismo, la tolerancia, el autogobierno, la democracia y la solidaridad. Porque sólo si se tiene la experiencia de discutir con otros como iguales, participando en una indagación pública y compartida, se podrá tener un papel activo en la construcción de una sociedad democrática.
b) En el orden pedagógico: saber que la comunidad de investigación es el resultado de una crítica a la concepción tradicional de la educación como transmisión de un cuerpo de conocimientos. Supone que la educación se propone dar a luz personas responsables e íntegras, que sean capaces de hacer juicios lúcidos (sabios) sobre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo adecuado y lo inadecuado.
c) En el orden gnoseológico: se busca llegar a formular buenos juicios a través de las siguientes conductas:
– pedir y dar buenas razones
– construir el pensamiento propio a partir de las ideas de los demás
– hacer buenas distinciones y conexiones
– usar buenas analogías y contraejemplos
– descubrir supuestos e inferir consecuencias
– usar y reconocer criterios
– buscar clarificar y definir conceptos
– reconocer falacias
– hacer buenas preguntas
d) En el orden psicológico: se trata de educar a personas que puedan conformar el yo en relación con otros, poner su ego en perspectiva, desarrollar su autoestima, transformarse a sí mismos, ser capaces de practicar autocorrección, ser autónomos.
e) En el orden social: es una praxis caracterizada por el diálogo llevado a cabo a través de la participación razonada y colaboradora de sus integrantes, estimulando las siguientes conductas: tomar las ideas del otro seriamente, respaldando y ampliando sus puntos de vista, aunque no esté de acuerdo con él; dar aliento a los otros para que expresen sus propias ideas; tomar los logros del grupo como propios –ser sensible al contexto; escucharse atentamente unos a otros– desarrollar la mutua confianza; tener cuidado por el crecimiento de todos los miembros de la comunidad.
f) En el orden ético: buscamos responder a las preguntas: ¿cómo debemos vivir?; ¿en qué clase de mundo queremos vivir?
Lo que afirmamos negando
A continuación presentaré cuatro atributos que, según los supuestos que sostienen este texto, no tiene la comunidad de indagación. Así, entonces
1. la comunidad de indagación no es un lugar de decisión. Muchas veces, reunidos en trabajo de comunidad de indagación, he oído decir que “la c.i. debe tomar una decisión”. Sostengo que la c.i. no es un lugar en el que se toman decisiones porque esto es contrario a la indagación filosófica. Como tal, la investigación que lleva a cabo la c.i., según lo esquematizado en el primer punto, no puede llegar a decisiones finales, porque ése no es su objetivo. La c.i. se propone una indagación constante y continua donde se lleva a cabo una discusión filosófica, que supone que el acuerdo, si se diera, sería meramente fortuito, nunca buscado, y, mucho menos, deseable. ¿Nos podemos imaginar una comunidad de indagación donde todos están de acuerdo, permanentemente, en los temas que se trata? ¿Cómo sería una c.i. donde el coordinador busca el consenso sobre un tema? ¿Qué sería de la riqueza de la diversidad si los integrantes de la c.i. se solazaran en el consenso? Los integrantes de la c.i. están de acuerdo sólo en un punto: en que le dan una oportunidad al diálogo en c.i., con todo lo que esto supone, es decir, la aceptación de los supuestos de la c.i., para poder comenzar a dialogar (si es necesario, sobre esos mismos supuestos). Sucede a veces que, acríticamente, podemos llegar a creer que la c.i. es algo así como el mejor de los lugares posibles, y se puede llegar a pensar, y aseverar, que todas las decisiones que tomen los integrantes de FpN (de un centro, de la comunidad internacional, etc.) deben ser tomadas en c.i. No es así, ya que la c.i. no toma decisiones: en el mismo momento en que la c.i. toma una decisión, en ese mismo instante, se autodestruye, deja de ser una c.i. Las personas reunidas en un círculo, y que discuten bajo los supuestos con que discute una c.i., pero lo hacen para tomar una decisión, son una asamblea, pero no una c.i.
La decisión está siempre ligada a contextos políticos, tal como lo sugiere “decisión” en griego: proaíresis, que es el momento final de la deliberación, en el cual se elige una de las alternativas presentadas. Así, la decisión es un acto en el cual se separa una de las posibilidades y se la entroniza. Acceder a una resolución no es tarea, entonces, de la c.i., ni en el sentido anterior ni en el sentido en que la lógica habla de la decisión como de la fórmula que puede ser probada o no. El mismo prefijo “pro” significa, en una de sus acepciones, “en defensa de”, o “por interés de”, y proaíresis significa “dirección política” y también “política”, y aíresis significa “plan para realizar la conquista”, “elección de magistrados” y, unida a dunámeos, “aspiración al poder”. Por lo tanto, la c.i. es totalmente diferente a todo lo que sea decisión.
De lo expuesto se infiere que:
1.1. “comunidad de indagación” no es equivalente a “democracia”. Tantas veces se habla de la c.i. como de una práctica democrática que finalmente se acaba por creer que “democracia” y “comunidad de indagación” son términos equivalentes. En realidad, la democracia es una apuesta política que hace la c.i., y como tal, las prácticas democráticas constituyen un fuerte supuesto político en FpN, pero la c.i. no es asimilable a “democracia”, ni representativa ni directa. En el primer caso, no es representativa porque no delega mandato, y no es directa porque no existe aquí el momento de la decisión. Por supuesto, señalé un atributo de la democracia representativa que no tiene la c.i., sólo para asegurar que hay muchas buenas razones para sostener este tipo de tesis, pero hago notar que es sólo un argumento secundario frente al argumento que sostengo como principal, a saber, el elemento de la decisión.
1.2. la c.i. no es un lugar donde se trabaja con un télos (finalidad) político, ya que FpN es, antes que nada, un programa pedagógico con contenidos filosóficos. Como tal, se discute en la c.i. acerca de los fundamentos del accionar político, pero la c.i. misma no es un lugar para el accionar de la política. Por otra parte, cada miembro de la c.i. tiene el derecho de actuar en política, y de actuar políticamente dentro de la c.i., ya que nadie actúa ni teoriza sin supuestos, y menos sin supuestos políticos, pero esto es distinto a decir que la c.i. acciona políticamente. Un ejemplo acerca de este punto es lo que sucedió, por ejemplo, cuando publicamos un texto consensuado a través del correo electrónico: si bien deliberamos varios días, a través de Internet, acerca de los fundamentos que guiaban la adhesión, o no, a la publicación, la decisión ya no pertenecía al ámbito de la c.i., por lo expuesto en el primer ítem, y quizás esto suene muy fuerte, pero para ser coherente con lo que vengo sosteniendo, diré que tampoco la deliberación pertenecía al ámbito de la c.i., no sólo porque se hizo a través del correo electrónico sino porque el objetivo de la discusión era tomar una decisión.
2. la c.i. no es una panacea universal. Muchas veces he escuchado hablar acerca de que “lo que pasa es que no estamos trabajando en comunidad de indagación”. A veces sucede que el trabajo funciona en c.i. Otras veces, problemas laborales, de horarios, de salud, hacen que sea necesario otro tipo de trabajo (intercambio de escritos, charlas telefónicas, asambleas, institucionalización de los centros, etc.), que es el mejor posible en cada caso, y que a veces es mejor aún que la c.i. Proclamar la c.i. como la solución a todos los problemas de trabajo en grupo que se den en FpN es, por lo menos, una actuación demagógica hacia el grupo de trabajo y una mentira improductiva hacia nosotros mismos. Por otra parte, sostener que la c.i. es la mejor de las prácticas posibles en la apuesta por la discusión es discriminatorio y atenta contra el respeto hacia la diversidad, colocándonos, si sostenemos esto, en el pobre papel de creer que FpN tiene la Verdad en toda praxis dialógica.
3. la c.i. no es un lugar de apostolado. Que FpN se expanda por el mundo entero es deseable en tanto quienes trabajamos en FpN creemos que es una de las mejores apuestas en educación, pero esta misma apuesta es sólo eso, y la c.i. es una digna herramienta pedagógica, que se debe propagar siempre que contribuya a un mundo mejor, estando todas y todos muy atentos, con los ojos muy abiertos, para ver qué hace cada uno con ella, y qué hace ella con cada uno, ya que a veces se puede confundir el abundante e intensísimo trabajo ad honorem que se hace para FpN con una suerte de apostolado, y a la extensión de FpN en el mundo como una suerte de movimiento religioso, convencido de que tiene la verdad.
4. la c.i. no contiene ningún agregado inefable. Si decimos que la c.i. contiene un agregado porque el programa tiene contenidos filosóficos, me interesaría sostener que dichos contenidos filosóficos no son un plus sino, meramente, los “contenidos” de un programa. Si sostenemos que la fuerza que ponemos para aplicar el programa, para supervisarlo, para escribir sobre dicho tema, es un plus, yo prefiero sostener que es la fuerza de cada uno, simplemente. FpN no contiene plus alguno, su fuerza radica en no tenerlo, en despojarse de falsas vestiduras y salir a pelear un lugar en un mundo cada vez con menos sentido, en una lucha tenaz y digna, justamente, para dar sentido al mundo, para crear (inventar/descubrir) el sentido de mundo. La fuerza de FpN es no contener nada inefable, nada trascendente, ninguna sombra bajo la cual cobijarse. Si así fuera, si la c.i. es un lugar para cobijarse del mundo, es mejor que huyamos de ella. Si hay verdades inconmovibles en la c.i., mejor es que nos alejemos con prudencia pero rápidamente.
Y si hay algo que no se puede decir de la c.i. en la c.i., es hora de pensar que muchos y muchas nos hemos equivocado de proyecto pedagógico. Es cierto, como dice el lema de la Universidad Iberoamericana de México, que “la verdad nos hará libres”, pero la verdad es una construcción, y la libertad no es un elemento indiscutible y descontextualizado. No hay verdades ahistóricas. Tampoco la c.i es una verdad ahistórica. Es obligación moral del investigador preguntarse sobre su quehacer, hasta llegar al tuétano, y allí hurgar con agujas ad hoc, hasta el final. El filósofo y la filósofa no tienen derecho de taparse los ojos y los oídos (y menos aún la nariz) ante lo que no les gusta. Y quizá, si insistimos lo suficiente, nos encontremos, desagradablemente, con que, pasados más de tres décadas de la creación del programa, aún no hemos tematizado lo suficiente acerca de la columna vertebral de FpN: la comunidad de indagación. El trabajo nos espera en muchos temas, en muchos sentidos, en muchos caminos.
© 2007 Stella M. Accorinti
Quisiera recordar la importancia del “no” en la tarea filosófica, para parafrasear a Nietzsche, ”un santo decir no”, un “no” que conduce al “sí”: toda tarea de construcción, en el sentido de crear y dar sentido, lleva implícita una tarea de destrucción. Esta destrucción contiene los gérmenes del nuevo edificio cuando se piensa la tarea de negación como el momento previo a la preparación de los conceptos positivos. Es en este sentido que diré qué no es, en mi interpretación, la comunidad de indagación.
Lo que da para una discusión acerca de qué es la comunidad de indagación internacional electrónica (los foros de discusión de FpN en Internet), y si se le puede dar el nombre de “comunidad de indagación”. Quizá podamos llamarla, en todo caso, como propuse en su momento: “107”, porque, en tono de broma, “CVII “serían las “iniciales” de Comunidad Virtual Internacional de Indagación”.
Utilizo intencionalmente el verbo desagradar, que tiene que ver con el campo de la estética, ya que el título “Lo que afirmamos negando” tiene el profundo deseo de alejarse del campo de la moral. No abrigo intención alguna de hacer señalamientos morales. Y como sostengo que el mundo es lenguaje, las palabras y lo que con ellas hacemos creo que son muy importantes en nuestro quehacer filosófico. Hay algunas ingenuidades que, creo, no es deseable que nos permitamos en el campo de la educación.
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